El texto de la semana 19 /2016


Este que va debajo es el divertido comienzo de El misterio de la cripta embrujada. Es la primera novela que leí de Eduardo Mendoza, el flamante ganador del premio Cervantes, el más importante para un escritor en lengua castellana. Es una novela muy divertida, con un personaje disparatado al que conocemos en un psiquiátrico y que, sin embargo, tiene buenas –o extravagantes– dotes de investigador, por lo que será requerido por la policía para resolver algún caso complicado. De este mismo personaje se han escrito otras tres obras y en esa línea humorística, pero no exenta de crítica, algún otro título como Sin noticias de Gurb. Os lo recomiendo encarecidamente.

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Foto tomada del periódico El Español

 

HABÍAMOS SALIDO a ganar; podíamos hacerlo. La, valga la inmodestia, táctica

por mí concebida, el duro entrenamiento a que había sometido a los muchachos, la

ilusión que con amenazas les había inculcado eran otros tantos elementos a nuestro

favor. Todo iba bien; estábamos a punto de marcar; el enemigo se derrumbaba. Era una

hermosa mañana de abril, hacía sol y advertí de refilón que las moreras que bordeaban

el campo aparecían cubiertas de una pelusa amarillenta y aromática, indicio de

primavera. Y a partir de ahí todo empezó a ir mal: el cielo se nubló sin previo aviso y

Carrascosa, el de la sala trece, a quien había encomendado una defensa firme y, de

proceder, contundente, se arrojó al suelo y se puso a gritar que no quería ver sus manos

tintas de sangre humana, cosa que nadie le había pedido, y que su madre, desde el cielo,

le estaba reprochando su agresividad, no por inculcada menos culposa. Por fortuna

doblaba yo mis funciones de delantero con las de árbitro y conseguí, no sin protestas,

anular el gol que acababan de meternos. Pero sabía que una vez iniciado el deterioro ya

nadie lo pararía y que nuestra suerte deportiva, por así decir, pendía de un hilo. Cuando

vi que Toñito se empeñaba en dar cabezazos al travesaño de la portería rival ciscándose

en los pases largos y, para qué negarlo, precisos, que yo le lanzaba desde medio campo,

comprendí que no había nada que hacer, que tampoco aquel año seríamos campeones.

Por eso no me importó que el doctor Chulferga, si tal era su nombre, pues nunca lo

había visto escrito y soy duro de oído, me hiciera señas de que abandonara el terreno de

juego y me reuniera con él allende la línea de demarcación para no sé qué decirme. El

doctor Chulferga era joven, bajito y cuadrado de cuerpo y se tocaba con una barba tan

espesa como el cristal de sus gafas color de caramelo. Hacía poco que había llegado de

Sudamérica y ya nadie le quería bien. Le saludé con una deferencia conducente a

disimular mi turbación.

—El doctor Sugrañes —dijo— quiere verte.

Y respondí yo para hacer la pelota:

—Será un placer —añadiendo acto seguido en vista de que la precedente

aseveración no le arrancaba una sonrisa—, si bien es verdad que el ejercicio tonifica

nuestro alterado sistema.

El doctor se limitó a dar media vuelta y a caminar a grandes zancadas […]

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2 respuestas a El texto de la semana 19 /2016

  1. Claudia.H. 2A dijo:

    Ernesto sube el video que hicimos el jueves

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