Ilustres desconocidos


Todos los días muere alguien. Algunas personas nos marcan más que otras y no se puede hablar de todos. El mes de septiembre pasado fallecieron dos personas muy conocidas, aunque no creo que os suenen por ahora.

El primero es Juan Luis Panero. La saga familiar de los Panero protagonizó para mí un increíble episodio de nuestra historia cinematográfica, que no puedo dejar de recomendaros encarecidamente. La película documental se llama El desencanto y nos muestra, además de una espeluznante relación familiar que ha lastrado la vida de todos los hermanos en una tragedia humana singular pero con momentos en los que es posible una remota identificación del espectador y conjugada con un agudísimo sentido del humor, cómo una fachada hipócrita se desmorona mediante la palabra sincera. En ella, Juan Luis elige un papel de dandy que le va al pelo.

Juan Luis Panero, en El desencanto

Juan Luis Panero, en El desencanto

Conocí a Juan Luis Panero en un encuentro generacional de poetas que se produjo hace ya años en los Cursos de Verano de El Escorial. Nunca me ha parecido un gran poeta, a diferencia de su hermano Leopoldo, mucho más inteligente, aunque desde luego mucho más delirante, y seguramente postergado en nuestras letras por cuestiones ajenas a la literatura misma. Una muestra de su genio, en esta entrevista, la última que he leído. Me encantan las fotos, por cierto.

Aunque nunca conocí a Martín de Riquer, me ha influido mucho más que Juan Luis Panero. Tenía 99 años, así que era más o menos de esperar que nos dejase un día u otro. Era un maestro. El primer libro de crítica sobre el Quijote que yo leí se titula Aproximación al Quijote, y lo firma Martín de Riquer. Y si un día os explico la locura de nuestro hidalgo manchego lo haré tomando prestadas las palabras de este estudioso sobre las distintas fases que atraviesa y sobre cómo  se puede rastrear la evolución de su estado mental en las aventuras que le suceden.

Riquer era un intelectual puro, pero a lo bestia. Nada que podáis concebir se acerca. Cuando hace años le preguntaron en una entrevista en qué ocupaba sus vacaciones respondió que estaba leyendo la obra completa de Balzac. Son 95 novelas, si no recuerdo mal. Hay que estar trastornado, ¿verdad? El periodista insistió e inquirió en qué se diferenciaba eso de su trabajo. “A fin de cuentas, su trabajo es leer”, le recordó. “En que no tomo notas”, dijo tan tranquilo.

D.E.P.

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