Poetas del 27: Rafael Alberti


Estoy seguro de que sabéis un montón de cosas de Rafael Alberti: Sin duda, os suenan muchos de sus poemas, mil veces recitados y otras tantas cantados; o sus dibujos, entre los que destaca la archiconocida paloma de la paz; no me cabe duda tampoco de que estáis al tanto de que tras su larguísimo exilio de treinta y ocho años fue diputado en las Cortes españolas (de hecho, sus primeras palabras al descender del avión no pudieron ser más conciliadoras: “Me fui con el puño cerrado y vuelvo con la mano abierta en señal de concordia entre todos los españoles”);

Con la Pasionaria, dirigiéndose a presidir la Mesa del Congreso (1977)

Con la Pasionaria, dirigiéndose a presidir la Mesa del Congreso (1977)

pero lo que quizá no supierais es que participó activamente –junto a su mujer– en la evacuación de los cuadros del Museo del Prado encaminada a garantizar su conservación durante la Guerra civil. En la página del propio museo se lee:

AÑO 1936:

3 de diciembre. Florencio Sosa es sustituido por María Teresa León como responsable de los traslados para «evitar demora y trámites». En poco más de un mes y medio se ocupa de evacuar expeditivamente ciento ochenta pinturas y otros tantos dibujos.

7 de diciembre. María Teresa León se presenta en el Museo del Prado, acompañada de Rafael Alberti, con la orden de nombramiento firmada por Renau, director general de Bellas Artes, que le autoriza a señalar las obras que deben trasladarse, para cuya tarea se le deben dar todas las facilidades. El mismo día salen del Prado treinta y dos pinturas y ciento ochenta y un dibujos sin embalaje, con la única protección de almohadillados en los ángulos.

9 de diciembre. Salen embaladas Las meninas, de Velázquez, y el Carlos V, de Tiziano, junto con otras treinta pinturas sin embalar.

Durante su corta actuación en el Prado, María Teresa León participa en la selección o en el traslado de casi la mitad de los cuadros evacuados. La falta de criterio para seleccionar las obras y la improvisación con que se llevan a cabo los traslados provocan, finalmente, la separación de María Teresa León de la operación.

Alberti y su primera esposa, María Teresa León

Alberti y su primera esposa, María Teresa León

Timoteo Pérez Rubio, marido de Rosa Chacel

Timoteo Pérez Rubio, marido de Rosa Chacel

Por cierto, el marido de Rosa Chacel, Timoteo Pérez Rubio, es una figura clave en este asunto. El documental Las Cajas Españolas, dirigido por Alberto Porlán en 2004, recoge estos acontecimientos. Por desgracia, lo han retirado de RTVE A la carta.

Podéis recabar información adicional en este enlace.


Pequeña antología de poemas del autor y de sitios vinculados a su vida y a su obra:

De Marinero en tierra

Página de Alberti en el Centro Virtual Cervantes

Pagina de Alberti en el Centro Virtual Cervantes

Portal de Alberti en Cervantes Virtual

Portal de Alberti en Cervantes Virtual

El gran Enrique Morente canta un poquito de Alberti por alegrías, para abrir boca:

Portada de la página oficial de Rafael Alberti

Portada de la página oficial de Rafael Alberti

La magnífica página de la Fundación, que podéis visitar pinchando la imagen que va sobre estas líneas, ofrece una fonoteca donde oír la peculiar recitación del poeta, y también una videoteca. Si no habéis visto ya bastantes fotos, aquí tenéis algunas más, y unos poemas recitados por el propio poeta. Pero la más completa fonoteca se halla en las páginas de A media voz, como de costumbre.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Y terminamos con algunos poemas. Ya conocéis el “Nocturno“, que no repito aquí. Solo dejo una muestra representativa de cada una de las direcciones del poeta, y si os gusta, podéis entrar aquí, o aquí o aquí.

Mil novecientos diecisiete. 
Mi adolescencia: la locura 
por una caja de pintura, 
un lienzo en blanco, un caballete. 

Felicidad de mi equipaje 
en la mañana impresionista. 
Divino gozo, la imprevista 
lección abierta del paisaje. 

Cándidamente complicado 
fluye el color de la paleta, 
que alumbra al árbol en violeta 
y al tronco en sombra de morado. 

Comas radiantes son las flores, 
puntos las hojas, reticentes, 
y el agua, discos trasparentes 
que juegan todos los colores. 

El bermellón arde dichoso 
por desposar al amarillo 
y erguir la torre de ladrillo 
bajo un naranja luminoso. 

El verde cromo empalidece 
junto al feliz blanco de plata, 
mas ante el sol que lo aquilata 
renace y nuevo reverdece. 

Llueve la luz, y sin aviso 
ya es una ninfa fugitiva 
que el ojo busca clavar viva 
sobre el espacio más preciso. 

Clarificada azul, la hora 
lavadamente se disuelve 
en una atmósfera que envuelve, 
define el cuadro y lo evapora. 

Diérame ahora la locura 
que en aquel tiempo me tenía, 
para pintar la Poesía, 
con el pincel de la Pintura. 

***** 

Buster Keaton busca por el bosque a su novia, que es una verdadera vaca

El actor Buster Keaton, con la vaca.

El actor Buster Keaton, con la vaca.

1, 2, 3 y 4
En estas cuatro huellas no caben mis zapatos.
Si en estas cuatro huellas no caben mis zapatos,
¿de quién son estas cuatro huellas?
¿De un tiburón,
de un elefante recién nacido o de un pato?
¿De una pulga o de una codorniz?
(Pi, pi, pi.)
¡Georginaaaaaaaaaa!
¿Donde estás?
¡Que no te oigo Georgina!
¿Que pensarán de mi los bigotes de tu papa?
(Papaaaaaaaa.)
¡Georginaaaaaaaaaaa!
¿Estás o no estás?
Abeto, ¿donde está?
Alisio, ¿donde está?
Pinsapo, ¿donde está?
¿Georgina paso por aquí?
(Pi, pi, pi, pi)
Ha pasado a la una comiendo yervas.
Cucu,
el cuervo la iba engañando con una flor de resada.
Cuacua,
la lechuza, con una rata muerta.
¡Señores, perdonadme, pero me urge llorar!
(Gua, gua, gua)
¡Georgina!
Ahora que te faltaba un solo cuerno
para doctorarte en la verdaderamente útil carrera de ciclista
y adquirir una gorra de cartero.
(Cri, cri, cri, cri)
Hasta los grillos se apiadan de mí
y me acompaña en mi dolor la garrapata.
Compadecete del smoking que te busca y te llora entre aguaceros
y del sombrero hongo que tiernamente
te presiente de mata en mata.
¡Georginaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
(Maaaaaa).
¿Eres una dulce niña o una verdadera vaca?
Mi corazón siempre me dijo que eras una verdadera vaca.
Tu papa, que eras una dulce niña.
Mi corazón, que eras una verdadera vaca.
Una dulce niña.
Una verdadera vaca.
Una niña
Una vaca.
¿Una niña o una vaca?
O ¿una niña y una vaca?
Yo nunca supe nada.
Adios, Georgina.
(¡Pum!)

*****

Poema a Niebla, mi perro

«Niebla», tú no comprendes: lo cantan tus orejas,
el tabaco inocente, tonto, de tu mirada,
los largos resplandores que por el monte dejas,
al saltar, rayo tierno de brizna despeinada.
Mira esos perros turbios, huérfanos, reservados,
que de improviso surgen de las rotas neblinas,
arrastrar en sus tímidos pasos desorientados
todo el terror reciente de su casa en ruinas.
A pesar de esos coches fugaces, sin cortejo,
que transportan la muerte en un cajón desnudo;
de ese niño que observa lo mismo que un festejo
la batalla en el aire, que asesinarle pudo;
a pesar del mejor compañero perdido,
de mi más que tristísima familia que no entiende
lo que yo más quisiera que hubiera comprendido,
y a pesar del amigo que deserta y nos vende;
«Niebla», mi camarada,
aunque tú no lo sabes, nos queda todavía,
en medio de esta heroica pena bombardeada,
la fe, que es alegría, alegría, alegría.

Galope

Las tierras, las tierras, las tierras de España,
las grandes, las solas, desiertas llanuras.
Galopa, caballo cuatralbo,
jinete del pueblo,
al sol y a la luna.

¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!

A corazón suenan, resuenan, resuenan
las tierras de España, en las herraduras.
Galopa, jinete del pueblo,
caballo cuatralbo,
caballo de espuma.

¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!

Nadie, nadie, nadie, que enfrente no hay nadie;
que es nadie la muerte si va en tu montura.
Galopa, caballo cuatralbo,
jinete del pueblo,
que la tierra es tuya.

¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!

*****

Ven. Ven. Así. Te beso…

Ven. Ven. Así. Te beso. Te arranco. Te arrebato. Te compruebo en lo oscuro, ardiente oscuridad, abierta, negra, oculta derramada golondrina, oh tan azul, de negra, palpitante. Oh así, así, ansiados, blandos labios undosos, piel de rosa o corales delicados, tan finos. Así, así, absorbidos, más y más, succionados. Así, por todo el tiempo. Muy de allá, de lo hondo, dulces ungüentos desprendidos, amados, bebidos con frenesí, amor hasta desesperados.
Mi único, mi solo, solitario alimento, mi húmedo, lloviznado en mi boca, resbalado en mi ser. Amor. Mi amor. 
Ay, ay. Me dueles. Me lastimas. Ráspame, límame, jadéame tú a mí, comienza y recomienza, con dientes y garganta, muriendo, agonizando, nuevamente volviendo, falleciendo otra vez, así por siempre, para siempre, en lo oscuro, quemante oscuridad, uncida noche, amor, sin morir y muriendo, amor, amor, amor, eternamente.

*****

El ángel del misterio

Un sueño sin faroles y una humedad de olvidos,
pisados por un nombre y una sombra.
No sé si por un nombre o muchos nombres,
si por una sombra o muchas sombras.
Reveládmelo.
Sé que habitan los pozos frías voces,
que son de un solo cuerpo o muchos cuerpos,
de un alma sola o muchas almas.
No sé.
Decídmelo.
Que un caballo sin nadie va estampando
a su amazona antigua por los muros.
Que en las almenas grita, muerto, alguien
que yo toqué, dormido, en un espejo,
que yo, mudo, le dije…
No sé.
Explicádmelo.

*****

Esta versión de Rosa León huele un poco a naftalina, con su batería eléctrica y todo. Dejo el vídeo como documento histórico y reconozco que no hay quien lo escuche entero.

 

autógrafoRafael Alberti
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