El texto de la semana 29 / 2012


Hoy os damos las notas. Es el último texto de la semana del curso. El día 30 de este mes termina mi contrato. Sabéis de sobra la situación que vive la Educación Pública en Madrid. No insistiré tampoco en la inseguridad que genera en el colectivo de interinos. Dejo, tan solo, una reflexión de Tony Judt, quizá el mejor historiador sobre el siglo XX, que procede de su libro Algo va mal, sin ánimo de ser especialmente pesimista. El libro trata sobre el origen de los estados de bienestar y su actual liquidación a través de la promoción de la desigualdad social, sobre la que trata aquí Stiglitz, el premio Nobel de economía de 2001.

Se suele afirmar

que todos queremos lo mismo y que lo único que varía un poco es la forma de conseguirlo.

Esto es simplemente falso. Los ricos no quieren lo mismo que los pobres. Los que se ganan la vida con su trabajo no quieren lo mismo que los que viven de dividendos e inversiones. Los que no necesitan servicios públicos –porque pueden comprar transporte, educación y protección privados– no quieren lo mismo que los que dependen exclusivamente del sector público. Los que se benefician de la guerra –gracias a los contratos de defensa o por motivos ideológicos– tienen objetivos distintos de los que se oponen a la guerra. Las sociedades son complejas y albergan intereses conflictivos. Afirmar otra cosa –negar las diferencias de clase, riqueza o influencia-– no es más que favorecer unos intereses por encima de otros. Esto solía ser evidente; hoy se nos dice que son soflamas debidas al odio de clase y se nos insta a que lo ignoremos. De forma parecida, se nos anima a perseguir el interés económico y excluir todo lo demás, y, de hecho, hay muchos que tienen algo que ganar con ello.

No obstante, los mercados tienden naturalmente a favorecer las necesidades y deseos que pueden reducirse a criterios comerciales o a medidas económicas […] Pero ¿qué hay de esos bienes que los seres humanos siempre han valorado y que no se pueden cuantificar?

¿Qué hay del bienestar? ¿Y de la justicia o la equidad? ¿Y de la exclusión, la oportunidad –o su ausencia– o la esperanza perdidas? […] ¿Cuánto estamos dispuestos a pagar por una buena sociedad?

Incluso la propia “riqueza” debe redefinirse

(T. Judt, Algo va mal, pp. 162-163)

Espero que contribuyáis a hacer de esta una sociedad mejor, que es buena todavía gracias, en no poca medida, a que todos vosotros habéis tenido la oportunidad de cursar los estudios que ahora termináis.

Que os vaya bien y que logréis vuestros objetivos.
Buena suerte a todos.

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