Métrica III: Poemas estróficos


POEMAS ESTRÓFICOS.

Soneto: Estrofa de catorce versos endecasílabos consonantes, compuesto por dos cuartetos con la misma rima (ABBA ABBA), y seis versos que suelen formar dos tercetos (CDC DCD), aunque puede adoptar otras combinaciones. Llegó a la poesía española en el siglo XV, procedente de Italia, y a partir de ese momento se ha utilizado; llegando a adoptar otras combinaciones y variaciones como el sonetillo (de arte menor), soneto con estrambote (añadiéndole algunos versos a los catorce señalados),…

Cerrar podrá mis ojos la postrera

sombra que me llevare el blanco día,

y podrá desatar esta alma mía

hora a su afán ansioso lisonjera;

mas no, de esotra parte, en la ribera,

dejará la memoria, en donde ardía:

nadar sabe mi llama la agua fría,

y perder el respeto a ley severa.

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,

venas que humor a tanto fuego han dado,

médulas que han gloriosamente ardido,

su cuerpo dejará, no su cuidado;

serán ceniza, mas tendrá sentido;

polvo serán, mas polvo enamorado.

(Francisco de Quevedo)

Canción: Poema con una estructura compleja, que varía según el poeta y la época. Básicamente se trata de una combinación de versos heptasílabos y endecasílabos en estrofas, llamadas estancias; donde la distribución de la rima es a gusto del poeta, pero una vez fijada en la primera estrofa, ha de respetarla en todas las estancias siguientes. Su origen es italiano y llegó a la poesía española en el Renacimiento.

Esto, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora

campos de soledad, mustio collado,

fueron un tiempo Itálica famosa.

Aquí de Cipïón la vencedora

colonia fue. Por tierra derribado

yace el temido honor de la espantosa

muralla, y lastimosa

reliquia es solamente.

De su invencible gente

sólo quedan memorias funerales,

donde erraron ya sombras de alto ejemplo.

Este llano fue plaza; allí fue templo;

de todo apenas quedan señales.

Del gimnasio y las termas regaladas

leves vuelan cenizas desdichadas;

las torres que desprecio al aire fueron

a su gran pesadumbre se rindieron.

(Rodrigo Caro)

Madrigal: Es una canción más breve con carácter amoroso.

Cubrir los bellos ojos

con la mano que ya me tiene muerto,

cautela fue por cierto,

que ansí doblar pensastes mis enojos.

Pero de tal cautela

harto mayor ha sido el bien que el daño,

que el resplandor extraño

del sol se puede ver mientra se cela.

Así que aunque pensastes

cubrir vuestra beldad, única, inmensa,

yo os perdono la ofensa,

pues, cubiertos, mejor verlos dejastes.

(Gutierre de Cetina)

Poemas con estribillos: Se trata de aquel poema donde uno o varios versos se repiten periódicamente, que llamamos estribillo. Existen diferentes tipos de estos poemas, pero los elementos comunes en todos ellos son: un estribillo inicial de dos a cuatro versos, que se van repitiendo total o parcialmente, una mudanza, copla o pie de cuatro versos o más, donde el último verso se llama verso de vuelta, y ha de rimar con el estribillo o con el verso de éste que se repita. Estos tipos de poemas se han utilizado desde la Edad Media hasta nuestro días.  Los principales poemas de esta clase son:

  • Zéjel:    Es de origen hispano árabe. Es una combinación para cantar que apareció en la España musulmana. Consta de tres a dos versos (estribillo inicial), cantado por el coro; tres versos monorrimos de arte menor (mudanza) y un cuarto verso (vuelta) que rima con el estribillo. Estos versos eran cantados por el solista. Son todos versos de arte menor, aconsonantados.

Que no cogeré yo verbena

la mañana de San Juan,

pues mis amores se van.

Que no cogeré yo claveles,

madreselvas ni mirabeles,

sino penas tan crueles

cual jamás se cogerán,

pues mis amores se van.

(Anónimo)

  • Villancico:    Composición similar al zégel, incluso en algunas ocasiones confundido, que han quedado a lo largo de las épocas como denominación de un canto de carácter religioso y navideño. Consta de un estribillo inicial, mudanza y verso de vuelta. Son todos versos de octosílabos o heptasílabos, encadenados de la siguiente manera: un estribillo de tres o cuatro versos, un pie que consta de mudanza (una redondilla) ,y dos o tres versos de enlace que riman con el estribillo. Su estructura suele ser: a-b-b (estribillo) // c-d-d-c (mudanza) // c-b-b (enlace, vuelta con dos últimos versos del estribillo).

El perdido que es perdido,

por buscar a quien se pierde,

que se pierda, ¿qué se pierde?.

Que se pierda, que os perdáis,

niño, cuando vos queréis,

pues por ganarme os perdéis

y tan cierto me ganáis.

Si el tiempo tan bien gastáis

en buscar a quien se pierde,

que se pierda, ¿qué se pierde?.

¿Qué se pierde (bien mirado)

si ha recoger ha venido

al más ganado perdido,

al más perdido ganado?.

Quien tan bien anda ocupado

en buscar a quien se pierde,

que se pierda, ¿qué se pierde?.

(Alonso de Ledesma)

  • Letrilla:    Denominación que aparece en el Siglo de Oro para todos los poemas con estribillo. Tenía como principal característica su tono burlesco o satírico. Son todos versos de arte menor aconsonantados, con estructura similar al villancico -incluso en algunas ocasiones igual- donde el estribillo suele ser más breve (dos versos), y el pie más largo (llegando incluso a diez versos). Su estructura suele ser. a-a (estribillo) // b-c-c-b-b-a (pie) // a-a (dos últimos versos de estribillo) // d-e-e-d-d-a (pie) // a-a (dos últimos versos de estribillo) // …

Poderoso caballero

es don Dinero.

Madre, yo al oro me humillo;

él es mi amante y mi amado,

pues, de puro enamorado,

de contino anda amarillo;

que pues, doblón o sencillo,

hace todo cuanto quiero,

poderoso caballero

es don Dinero.

(Francisco de Quevedo)

  • Glosa:    El tema suele ser expuesto en la primera estrofa (llamada texto) y desarrollado en las siguientes (llamadas glosa), repitiendo en éstas los versos de la primera. Son versos octosílabos aconsonantados, con la siguiente estructura, normalmente: a-b-b-a // c-d-c-d-c-a-e-a-e-a // f-g-f-g-f-b-h-b-h-b //…   ó    a-b-a-b // c-d-d-c-a-a-e-e-a // f-g-g-f-b-b-h-h-b // …

¡ Si mi fue tornase a es

sin esperar más será,

o viniese el tiempo ya

de lo que será después…!

Al fin, como todo pasa,

se pasó el bien que me dio

Fortuna, un tiempo no escasa,

y nunca me le volvió,

ni abundante ni por tasa.

Siglos ha ya que me ves,

Fortuna, puesto a tus pies;

vuélveme a ser venturoso;

que será mi ser dichoso

si mi fue tornase a es.

(Miguel de Cervantes)

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