El amor oscuro de Federico García Lorca


Ya es casualidad que justo después de leer en clase uno de los sonetos del amor oscuro, entre otros poemas de Lorca, aparezca en prensa, al fin, la identidad del trasunto real de esa pasión. Su nombre es Juan Ramírez de Lucas, lo que confirma alguna hipótesis –la esbozada por Ian Gibson, el mejor biógrafo del poeta–.

En la imagen, Juan Ramírez de Lucas, junto a su colección de objetos de arte (Fuente: El País, para más información sobre el personaje, este artículo). Se han publicado con posterioridad en el mismo periódico "La última carta de García Lorca" y "Querido Juan, es preciso que vengas...", informaciones que incluyen párrafos de la que puede ser, en efecto, la última carta del poeta y un poema al rubio de Albacete, que aquí dejo: 

Aquel rubio de Albacete
vino, madre, y me miró.
¡No lo puedo mirar yo!
Aquel rubio de los trigos
hijo de la verde aurora,
alto, sólo y sin amigos
pisó mi calle a deshora.
La noche se tiñe y dora
de un delicado fulgor
¡No lo puedo mirar yo!
Aquel lindo de cintura
sentí galán sin...
sembró por mi noche obscura
su amarillo jazminero
tanto me quiere y le quiero
que mis ojos se llevó.
¡No lo puedo mirar yo!
Aquel joven de la Mancha
vino, madre, y me miró.
¡No lo puedo mirar yo!

Sin embargo, no deja de sorprender un silencio tan prolongado y tan profundo que alcanzó incluso a quien fuera pareja posterior del protagonista durante más de 30 años. Descontando lo que pudiera tener de amargura esa decisión, indica a las claras el mundo  del que venimos, mientras que el signo de esta hora presenta rasgos contradictorios pues acaba de pronunciarse Obama a favor del matrimonio de personas del mismo sexo, tras su prohibición ayer en uno de los estados del país que preside, muestras quizá de una crisis, de una transición, todavía en ciernes.

P.S.: Siguen llegando a cuentagotas informaciones nuevas en la sección de cultura de El País.
 

Entre las novedades, dos dibujos del poeta


 
Un cuaderno de Juan Ramírez dedicado a Federico

Y anoto aquí, para el recuerdo, el magnífico poema en que

EL POETA PIDE A SU AMOR QUE LE ESCRIBA

Amor de mis entrañas, viva muerte,
en vano espero tu palabra escrita
y pienso, con la flor que se marchita,
que si vivo sin mí quiero perderte.

El aire es inmortal. La piedra inerte
ni conoce la sombra ni la evita.
Corazón interior no necesita
la miel helada que la luna vierte.

Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,
tigre y paloma, sobre tu cintura
en duelo de mordiscos y azucenas.

Llena pues de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena
noche del alma para siempre oscura.

Federico García Lorca

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