Literatura Universal – Tema 3


TEMA 3. RENACIMIENTO Y CLASICISMO. LA NARRACIÓN EN PROSA: BOCCACCIO. MONTAIGNE Y EL NACIMIENTO DEL ENSAYO

I. CONTEXTO GENERAL. LOS CAMBIOS DEL MUNDO Y LA NUEVA VISIÓN DEL HOMBRE

Conocemos como Renacimiento el período de la historia europea que comprende, fundamentalmente, el siglo XVI, aunque no se pueden establecer con exactitud sus límites cronológicos, ya que estos varían en los diferentes países en que se desarrolló. Por ejemplo, muchos rasgos del Renacimiento nacen en la Italia del siglo XIV; en cambio, es tardío en Inglaterra, donde se inicia bien entrado el siglo XVI.

El Renacimiento supuso una nueva forma de concebir el mundo. Fue una etapa de cambios profundos en numerosos ámbitos de la vida: política, economía, religión, cultura, arte, ciencia, etc. Todas estas transformaciones fueron paralelas al desarrollo del Humanismo, movimiento que reforzó el cambio de mentalidad al situar al individuo en una posición de dignidad dentro de un mundo que pretendía conocer y disfrutar (teocentrismo > antropocentrismo). Los humanistas entienden que solo en la época clásica el hombre había sido la medida de todas las cosas y en él se centraban las manifestaciones de la cultura; de ahí que se apliquen a la tarea de recuperar y propagar a los autores clásicos, a los que toman como modelos. Se fomenta el aprendizaje del latín y del griego y, a la vez, se propugna la dignificación de las lenguas vulgares. Fueron destacados humanistas Francesco Petrarca, Elio Antonio de Nebrija y Francisco Sánchez de las Brozas.

1. En lo político, se debilita el sistema feudal, característico de la Edad Media. El debilitamiento de la nobleza rural se corresponde con un fortalecimiento del poder real: surgen así monarquías fuertemente autoritarias y se crean los grandes Estados modernos.

2. Crecen las ciudades y se afianza la clase burguesa, de modo que se potencian las actividades industriales y comerciales y cobra gran importancia el dinero como valor de cambio. Paulatinamente la nobleza, al entrar en crisis el sistema feudal, se va haciendo cortesana.

3. La inquietud intelectual y el ansia por comprender los secretos del mundo incentivan el desarrollo de la ciencia. Se estudia el cuerpo humano y se escruta el Universo: al Renacimiento corresponden el descubrimiento de la circulación de la sangre por Miguel Servet y los estudios astronómicos de Copérnico y Galileo.

4. Se propagan las herejías y adquieren enorme fuerza los movimientos religiosos reformadores, como los encabezados por el holandés Erasmo de Rotterdam y el alemán Martín Lutero.

5. La cultura recibe un fuerte impulso con la invención de la imprenta (siglo XV), la cual propicia la difusión de las nuevas ideas y facilita la alfabetización. En consonancia con el desarrollo del Humanismo, se instauran en las Universidades los studia humanitatis (gramática, retórica, poética, filosofía, moral e historia), acabándose así con el sistema educativo medieval, de base eminentemente escolástica.

6. El arte renacentista desarrolla una estética basada en el Neoplatonismo, según el cual el mundo es bello porque refleja la belleza de Dios. El amor a la belleza hace al hombre partícipe de la obra divina, es un adelanto en la Tierra de los gozos que nos aguardan en el Cielo. Esta búsqueda de la belleza natural explica las características principales del arte del XVI: equilibrio, armonía, orden, claridad, idealización. En el estilo se busca la “naturalidad artificiosa”: un modelo de lengua culto y cuidado, pero sin exceso ornamental ni afectación.

7. La inquietud del hombre renacentista, junto con el desarrollo del comercio, logra ensanchar las fronteras geográficas. El siglo XVI es la época de los grandes viajes que permiten diseñar un nuevo mapa del mundo: la exploración de América, la de las costas atlánticas e índicas de África, la primera vuelta al mundo completa, los descubrimientos y exploraciones de las islas del Pacífico, etc.

En resumen, el Renacimiento es un periodo decisivo en la historia de la humanidad marcado por un redescubrimiento de la importancia del individuo en una sociedad que ya no se explica exclusivamente por la fe. En el siglo XVI comenzamos a confiar en las posibilidades de la razón humana, pues el mundo ya no es un mero lugar de tránsito al que venimos a padecer, sino un lugar repleto de posibilidades para el placer y el deleite.


II. PROSA RENACENTISTA DE FICCIÓN

En el Renacimiento la prosa de ficción va llegando al final de un largo proceso de evolución que, desde la novela griega de época helenística, desembocará en la novela moderna.

A lo largo del siglo XVI la prosa narrativa se convierte en un género con gran aceptación. Del siglo XV proceden dos modelos narrativos que continúan estando vigentes en pleno Renacimiento: los libros de caballerías (textos fantásticos sobre las hazañas de un caballero andante, como Amadís de Gaula) y las novelas sentimentales, que en esta época adquieren un gran éxito (Cárcel de amor).

Ya en la segunda mitad del siglo XVI se desarrollaron nuevas formas de la narrativa renacentista; entre ellas destacan las siguientes manifestaciones:

a) La novela pastoril se centra en el relato de historias amorosas entre pastores. Esta temática, desarrollada también en otros géneros por influencia de la literatura italiana, sigue el tópico del beatus ille o concepción del ambiente natural como representación de una sociedad perfecta y de una vida idílica, ajena a los problemas del momento. Entre las obras más representativas de este género destacan La Arcadia de Sannazaro, Los siete libros de la Diana de Jorge de Montemayor, La Galatea de Cervantes o la Arcadia de Lope de Vega.

b) La novela bizantina (o de aventuras) tiene su origen en la literatura griega. En este tipo de narraciones se relatan historias amorosas entre personajes de alto linaje que se interrumpen por sucesos que separan a los protagonistas (viajes, raptos…) y que los someten a un obligado peregrinaje que termina con su reencuentro. Destaca Persiles y Sigismunda de Miguel de Cervantes.

c) La novela morisca se basa en el relato de las batallas y la convivencia entre musulmanes y cristianos. Entre las obras más importantes de la época están la Historia del Abencerraje y de la hermosa Jarifa.

d) La narración breve es un género que, aunque también está relacionado con la tradición de los exempla, surge influido por la literatura italiana, especialmente por la obra de autores como Boccaccio. El Patrañuelo, una colección de breves narraciones de Joan Timoneda, es la obra española más destacada del siglo XVI en este tipo de prosa.

e) La novela picaresca. Este tipo de narrativa, iniciada por el Lazarillo, forma parte de la tendencia realista de la prosa del XVI. En el último año del XVI se publica Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán. Ambas obras constituirán modelos para las manifestaciones de este género en el siglo siguiente.

GIOVANNI BOCCACCIO: DECAMERÓN

Boccaccio es, junto con Dante y Petrarca, uno de los padres de la literatura italiana. Nació en 1313 y fue hijo natural de un rico mercader. Pasó su infancia en Florencia y, siendo aún adolescente, su padre lo envió a Nápoles para que aprendiera el oficio mercantil. Debido a su escaso interés por este trabajo, comenzó a estudiar Derecho canónico, pero tampojo le atrajo esa nueva carrera. Su verdadera vocación la encontró en el estudio de las letras, a las que consagró el resto de su vida. Siendo aún muy joven, se enamoró y fue amante de una dama napolitana, cuya identidad se desconoce y que prodría haberle inspirado el personaje de Fiammetta.

Tras su regreso a Florencia, compaginó su dedicación a la literatura con el desempeño de cargos diplomáticos. Viajó con frecuencia por Italia y por la Provenza. Entre las amistades que cultivó durante sus viajes con los escritores de su tiempo, destaca la que mantuvo con Petrarca. Vivió sus últimos años en Certaldo, localidad próxima a Florencia donde se entregó a la meditación religiosa. Allí murió en 1375.

Boccaccio escribió numerosas obras en italiano y algunas en latín. Entre las primeras merecen destacarse las siguientes:

1. El Filocolo, una muestra temprana de novela bizantina.

2. El Filostrato, escrita en verso narrativo. En este libro, escrito en clave literaria y con un argumento mitológico, el autor parece dar cuenta de sus amores con Fiammetta.

3. El Corbacho, invectiva contra el género femenino inscrita en la tradición europea de literatura misógina.

El Decamerón se sitúa en la Florencia de 1348, una fecha aciaga para la ciudad, pues fue asolada por la peste que se extendía por Europa. Diez jóvenes (siete mujeres y tres hombres) se retiran a una villa campestre huyendo de la epidemia. Durante diez días y con el fin de distraerse, cada uno va contando una historia, lo que supone un total de cien relatos o novelas. Cada jornada transcurre bajo el reinado de uno de los jóvenes, que es quien determina la orientación temática de las narraciones.

La mayoría de los relatos que conforman el Decamerón desarrollan temas que cuentan con antecedentes en la literatura anterior, tanto europea como oriental, o en las narraciones de la tradición popular. En el argumento de muchas de estas novelas predomina el componente erótico, pero lo que más destaca es el ingenio de los personajes para lograr sus propósitos. De esta manera, la mentalidad medieval, basada en la preocupación por el pecado y en el sentimiento de culpa, queda superada por una visión gozosa y placentera de la existencia.

II. PROSA RENACENTISTA DIDÁCTICA

En el siglo XVI, el pensamiento humanista generó un importante caudal de obras en prosa de carácter didáctico que consolidó un nuevo género, el ensayo, que servirá a los autores como vehículo de los nuevos ideales.

Los autores de prosa didáctica reflexionan sobre diversos temas, principalmente filosóficos, políticos, religiosos y artísticos. Estos autores representan el modelo del intelectual renacentista, en el centro de cuyas preocupaciones está el ser humano y las circunstancias que lo rodean. Son hombres de cultura interesados en las Humanidades desde una postura racional.

1. MAQUIAVELO

Nicolás Maquiavelo (1469-1527) fue un escritor y político italiano. Considerado como uno de los padres de las Ciencias Políticas, analizó la esencia del poder en El príncipe y Discursos sobre la primera década de Tito Livio.
Según Maquiavelo, debido a que el hombre es malo por naturaleza, el Estado debe regir e imponer un orden, función que el príncipe garantiza mediante su acción política. Dicha acción ha de estar regida por la observación de la realidad, olvidando cómo deberían ser el hombre y la sociedad para centrarse en cómo realmente son. De este modo, la política no ha de partir desde un planteamiento moral, sino que debe ser independiente, ya que en algunas situaciones la moral no indica qué es lo mejor para el Estado y el Estado es la razón suprema de la acción política. Esta independencia del poder político respecto a la moral genera la «razón de Estado», único criterio que debe seguir el príncipe, y por el cual el fin que se busca justifica todos los medios que se ponen para su consecución, independientemente de su valor moral. El Estado se vale de sus instituciones (el Ejército, la Iglesia) para aplicar lo que sea políticamente útil y conveniente.

2. TOMÁS MORO

Tomás Moro (1478-1535) fue un humanista y político inglés cuyo pensamiento tiene afinidades con el de Erasmo de Rotterdam, de quien era amigo. Su obra más importante es Utopía; en ella critica la sociedad europea contemporánea, basada en la injusticia social, en la sed de poder y en los planteamientos belicistas que rigen las políticas de los Estados, y propone una solución radical: la creación de una sociedad ideal, situada en una isla llamada Utopía (que literalmente significa «ningún lugar», lo que plantea dudas por parte de Moro de que una sociedad así fuera viable). Esta sociedad ideal estaría regida por los principios de la racionalidad humana: una sociedad justa e igualitaria, en la cual el trabajo fuese algo obligatorio, los ciudadanos podrían elegir a sus gobernantes, y la educación fuese un derecho universal. La religión que propugna Moro en su Utopía se caracteriza por ser tolerante hacia los distintos credos.
La importancia de la obra de Moro radica en que da pie a un subgénero literario, de raíz política, en el que se postulan sociedades futuras ideales (así como su contrario, la antiutopía, en la que la sociedad supuestamente ideal genera un espacio social deshumanizado y cruel). Sirvan como ejemplo de esto las obras Un mundo feliz, de Aldous Huxley o 1984 de George Orwell.

3. ERASMO DE ROTTERDAM

Erasmo de Rotterdam (1469-1536) fue un gran defensor de los estudios históricos y filológicos que aplicaban un método racional para llegar al conocimiento. Tradujo el Nuevo Testamento del griego al latín porque creía necesario un acercamiento al mensaje del evangelio. También editó obras de los padres de la Iglesia.
El pacifismo es uno de los elementos por los que Erasmo ataca a la Iglesia contemporánea, ya que esta promueve la guerra por intereses puramente mundanos. En otros libros, como en la Doctrina del príncipe cristiano o en Elogio de la locura, ahonda sus críticas contra la Iglesia, a la que considera inmoral y a la que reprocha que prime un cristianismo exterior, de formas, preceptos y rituales, en vez de conceder mayor importancia a un cristianismo más personal, espiritual, basado en el diálogo con Dios y la imitación de Cristo.
Él mismo, que fue monje, niega el privilegio tradicionalmente asignado a los religiosos y ofrece a los laicos la oportunidad de llevar una vida perfectamente cristiana. Para Erasmo, la virtud reside en saber sobreponerse a ciertas pasiones para ser capaz de discriminar el verdadero bien, basado en una moral humanista sustentada en la razón.
Algunas tesis erasmistas presentan elementos de coincidencia con el protestantismo de Lutero, principalmente en los elementos de crítica hacia la Iglesia. Sin embargo, Erasmo acabó combatiendo las tesis de Lutero por ciertas incompatibilidades de pensamiento.

4. BALTASAR DE CASTIGLIONE

Baltasar de Castiglione (1478-1529) escribió El cortesano, obra en la que describe un ideal de vida y un modelo de caballero que responde a la visión del mundo renacentista. El caballero perfecto debe ser tan experto en las armas como en las letras, ha de saber conversar y tratar con sus semejantes, especialmente con las damas, y tañer algún instrumento musical.
El cortesano expone en cuatro libros el diálogo que mantienen durante cuatro noches varios interlocutores (una duquesa, una princesa, un cardenal, Cesare Gonzaga, el poeta Pietro Bembo, Giuliano di Medici, Ludovico di Canossa, Federico Fregoso y el Aretino). La conversación se inicia como un juego para elegir entre todas las propuestas que se formulen «la forma de cortesanía más conveniente». En el primer «juego» se debate acerca del nacimiento y educación del gentilhombre; en el segundo, de su comportamiento en sociedad; en el tercero, del ideal de la perfecta dama de palacio; y el cuarto, que trata de las relaciones del cortesano con el príncipe, se cierra con una disertación sobre el amor platónico a cargo de Bembo. La conversación se desarrolla con un ritmo armonioso y está moderada por el ideal del decoro que presidió la literatura, el arte y las costumbres del Renacimiento.

MONTAIGNE Y LA CREACIÓN DEL ENSAYO

Michel Eyquem de Montaigne o, simplemente, Michel de Montaigne (nacido en Burdeos el 28 de febrero de 1533 y muerto en 1592) fue un filósofo, escritor, humanista, moralista y político francés del Renacimiento, autor de los Essais y creador del género literario conocido actualmente como “ensayo”.

El género del ensayo se basa en la interpretación personal de un tema (humanístico, filosófico, político, social, cultural, etc) sin que sea obligado usar un aparato documental, de manera libre, asistemática y con voluntad de estilo. En ocasiones, se reduce a una serie de divagaciones en las cuales el autor expresa sus reflexiones acerca de un tema determinado. Ortega y Gasset lo definió como «la ciencia sin la prueba explícita».

De gran cultura clásica y admirador de Virgilio, Séneca, Plutarco y Sócrates, Montaigne fue un humanista que tomó al hombre, y en particular a sí mismo, como objeto de estudio en su principal trabajo, que comenzó a redactar en 1571 a la edad de 38 años, cuando se retiró a su castillo. Afirma: «Quiero que se me vea en mi forma simple, natural y ordinaria, sin contención ni artificio, pues yo soy el objeto de mi libro». El proyecto de Montaigne era mostrarse sin máscaras para desvelar su yo más íntimo en su esencial desnudez. Sus escritos se caracterizan por el pesimismo y el escepticismo.

Fue un crítico agudo de la cultura, la ciencia y la religión de su época, hasta el punto de que llegó a considerar la propia idea de certeza como algo innecesario. Montaigne continuó extendiendo y revisando sus Essais hasta su muerte en 1592 en el castillo, en cuyas vigas del techo hizo grabar sus citas favoritas. El lema, mote o divisa de su casa era Que sais-je?, y mandó acuñar con él una medalla con una balanza cuyos dos platos se hallaban en equilibrio.

Su estilo es sencillo y ágil, revolviendo un pensamiento con otro, «a salto de mata». Su texto está plagado de citas de clásicos grecolatinos, por lo cual se excusa, haciendo notar la inutilidad de «volver a decir peor lo que otro ha dicho primero mejor». Obsesionado con evitar la pedantería, omite a veces la referencia al autor que inspira su pensamiento o que cita, el cual, de todas formas, es conocido en su época.

Montaigne mostró su rechazo por la violencia y por los conflictos entre católicos y protestantes y, mientras algunos humanistas creían haber encontrado el Jardín del Edén, él lamentó la conquista del Nuevo Mundo en vista de los sufrimientos que provocó en los que, por ella, fueron reducidos a esclavos. Hablaba así de «viles victorias».

Tan moderno como muchos de los hombres de su tiempo (Erasmo, Juan Luis Vives, Tomás Moro, Guillaume Budé…), Montaigne cultivó el relativismo cultural, reconociendo que las leyes, las morales y las religiones de diferentes culturas, aunque a menudo diversas y alejadas en sus principios, tenían todas algún fundamento.

Luis Fernando Moreno, sobre el autor y la edición de su obra en Acantilado.

De la educación de los hijos, de Montaigne

(Fuente: Libro de Casals)

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