La literatura medieval


TEMA 1. LITERATURA EN LA EDAD MEDIA 

La Edad Media recibe ese nombre porque quedó entre dos épocas más gloriosas: la Antigüedad grecolatina, con su deslumbrante riqueza, y el Renacimiento, que quería retomar aquellos antiguos temas, tópicos y obras de los clásicos. Entre ambas épocas, de gran producción en cantidad y calidad, quedaba esa larga Edad Media menos brillante en autores y obras.
Con la caída del imperio romano de Occidente, el latín que se hablaba en los distintos territorios que lo formaron evolucionó hasta constituir las lenguas romances. Llegó así un momento en que el pueblo llano no podía entender el latín o el griego de los documentos escritos, solo accesibles a un pequeño número de personas cultas, generalmente frailes o nobles.
Las primeras manifestaciones literarias en las nuevas lenguas estaban destinadas, por tanto, al pueblo que no sabía leer, por lo que empezaron siendo orales. De ellas nos han quedado muy pocos testimonios. Únicamente más adelante, cuando ya se van consolidando las lenguas romances y van ganándose el respeto de las personas cultas, los escritores comienzan a redactar sus obras en estas nuevas lenguas, ya tan alejadas del latín. Al ser los clérigos los principales dèpositarios de la cultura en esta época, las obras literarias medievales tienen una fuerte impregnación religiosa.
IV. LA ÉPICA MEDIEVAL
   Dentro de la épica medieval hay dos tipos de manifestaciones:
a) Los cantares de gesta son extensos poemas en versos de arte mayor que narran las hazañas de los héroes en lucha por la independencia de una nación o contra poderosos enemigos. Suelen ser obras anónimas y se concebían para ser cantadas o recitadas de memoria en público.
b) Las narraciones del ciclo artúrico son poemas caballerescos que darán lugar en los siglos siguientes a las novelas de caballerías. Los temas son más cortesanos que los de los cantares de gesta: un caballero desarrolla hechos famosos en honor a una dama. A diferencia de los cantares de gesta, suelen ser obras de autor conocido y se escribían para ser leídas en los libros.
A. LOS CANTARES DE GESTA   Estas composiciones están basadas en un hecho histórico al que se le añaden elementos fantásticos. Los juglares los cantaban o los recitaban en palacios y en plazas o mercados.
    A.1. El Cantar de los Nibelungos
    De inicios del siglo XIII es el Cantar de los Nibelungos, el más famoso de la epopeya germánica. Su argumento es el siguiente: Crimilda debe vengar a su marido Sigfrido, que ha muerto a traición a manos del fiero guerrero Hagen. Ella acepta casarse con Atila y, en la corte de los hunos, aprovecha una fiesta para matar a su propio hermano Gunther, cómplice del asesino, y cortarle la cabeza al fiero Hagen con la espada de Sigfrido.
  A partir del siglo XIX, el poema de los Nibelungos fue más conocido por la famosa ópera de Wagner.

1. [De forma muy resumida, la acción del poema es la siguiente: Sigfrido y Krimilda son dos hijos de reyes. Tras múltiples peripecias, se conocen y se casan. Por otra parte, el hermano mayor de Krimilda, el rey Gunter, desea casarse con una reina llamada Brunilda, caracterizada por su belleza, su vigor físico y su bravura. Sigfrido ayuda a Gunter y le presta su manto mágico, con el que Gunter consigue su propósito. Al poco tiempo surge la enemistad entre Brunilda y Krimilda, por lo que la primera decide vengarse a través de Hagen, un caballero de la corte de Gunter que desea poseer el tesoro nibelungo de Sigfrido. Y lo hace a traición, ya que averigua por Krimilda cuál es el punto débil de Sigfrido, cuya imbatibilidad se atribuye a la sangre de un dragón con la que bañó su cuerpo. Hagen mata en una cacería a Sigfrido, arrebata el tesoro a Krimilda y lo esconde].

  «Señora», dijo entonces Hagen, «si albergáis el temor de que alguien pudiera herirle, habréis de decirme de qué artes habría yo de valerme para evitarlo. Quiero protegerlo lo mismo a caballo que a pie».
Dijo ella: «Tú eres pariente mío como yo lo soy tuya. Yo te encomiendo en confianza la prenda de mi corazón, para que protejas bien a mi esposo bien amado». Entonces ella le reveló un secreto que mejor hubiera debido callar.
Dijo así: «Mi marido es valeroso y, además, de una fuerza terrible. Cuando mató al dragón al pie de la montaña, bañóse en su sangre el arrogante caballero. Por eso desde entonces ningún arma ha podido herirle en una batalla. […]
Voy a revelarte a ti, mi querido amigo, contando con tu discreción y lealtad hacia mí, en qué sitio se le puede herir a mi esposo querido. Esto te lo voy a decir ahora; confío por entero en tu silencio. Cuando de las heridas del dragón brotó la sangre caliente y se bañó en ella el valiente y cabal caballero, cayó en medio de su espalda una hoja de tilo muy grande. Ahí es donde pueden herirle y esa es la causa de mi gran desazón».
Dijo entonces Hagen de Trónege: «Cosed encima de su atuendo una pequeña señal para que así yo sepa dónde debo protegerle cuando entremos en combate». Así creía ella salvar al héroe, pero era así como ayudaba a su muerte.
2. [Gunter y Hagen parten acompañados de mil guerreros. Tras un largo viaje llegan al castillo de Atila. Al poco de llegar empiezan las escaramuzas, al principio con poca intensidad, pero después se generalizan. Mueren primero los caballeros menos importantes, y después los de más valor. Hagen asesina al hijo de Krimilda y Atila. Al final, Gunter y Hagen caen derrotados y presos. Krimilda exige a Hagen que le diga dónde está el tesoro de Sigfrido, y tras la negativa del prisionero, lo mata. El rey Atila reconoce el valor de su enemigo Hagen, por lo que reprocha a Krimilda su muerte; su pesar es compartido por el caballero Hildebrando, que decide vengarse de Hagen y asesina a Krimilda. Con este sangriento desenlace concluye el Cantar de los Nibelungos].
  Para hacerlos sufrir más, los hizo encadenar aparte, de suerte que ninguno de ellos vio al otro, hasta que llevó la cabeza de su propio hermano ante Hagen. La venganza de Krimilda en aquellos dos fue despiadada.
La reina se encaminó a donde estaba Hagen. ¡Con cuánta saña habló al héroe!: «Si queréis devolverme lo que me habéis arrebatado, podréis regresar sano y salvo a vuestro hogar de Burgundia».
Así habló el feroz Hagen: «Estás hablando en balde, muy noble reina, pues yo he jurado no mostrar el escondite del tesoro mientras viva alguno de mis señores; así, pues, no se lo daré a nadie».
«Este asunto lo arreglo yo», dijo la noble señora. Entonces mandó quitar la vida a su hermano. Le cortaron la cabeza y, sujeta por el cabello, la llevó ante el héroe de Trónege. Grande fue ahora el dolor de este.
Cuando el atribulado guerrero vio la cabeza de su señor, vuelto a Krimilda, le dijo: «Tú has arreglado el asunto a tu gusto y además ha sucedido cabalmente como yo me lo había pensado. Ahora está muerto el noble rey de Burgundia, y el joven Giselher, así como Gernot. Dónde está el tesoro, mujer endemoniada, quedará siempre oculto para ti».
Dijo ella: «Mal me habéis pagado lo que tenía que exigiros. Así, pues, yo me quedaré con la espada de Sigfrido, la que ceñía mi dulce amado la última vez que lo vi. Por culpa vuestra hube yo de sufrir hondo dolor de corazón».
Luego la sacó de la vaina; esto no lo pudo evitar él. Ahora pensaba ella quitarle la vida al héroe.   Levantó la espada con ambas manos y le cortó la cabeza. Esto lo vio el rey Atila. Grande fue su pesar.


Así termina el “Cantar de los Nibelungos“:
I’ne kan iu niht bescheiden / was sider da geschach:
wan ritter unde vrouwen / wein man da sach, 

 dar zuo die edeln knehte, / ir lieben friunde tot, 
 hie hat das maere ein ende: / das ist der Nibelunge not. 
No puedo referir qué pasó después.
Caballeros, mujeres y nobles escuderos lloraron
a sus queridos amigos muertos.
Aquí la historia tiene fin: éste es el Pesar de los Nibelungos.

 

   A.2. Cantar de Roldán

   Esta obra, de finales del XI, se inspira en la derrota histórica sufrida por los guerreros de Carlomagno en el desfiladero de Roncesvalles (en los Pirineos), si bien el episodio histórico se modifica: en el poema la derrota se atribuye a los musulmanes de la península Ibérica para presentar a los héroes como defensores de la cristiandad.
El gran héroe del poema es Roldán, caballero valiente, pero temerario y demasiado orgulloso para pedir ayuda; además, hay otros personajes también importantes: Carlomagno, modelo de rey cristiano, Ganelón, traidor responsable del desastre, Oliveros, fiel amigo del protagonista, Alda, amada de Roldán, o el obispo Turpin. Roldán, junto a los doce pares de Francia, muere en la emboscada, y Carlomagno llevará a cabo la venganza.
1. Siente Roldán que se apodera de él la muerte y que de la cabeza le desciende al corazón. Ha ido corriendo bajo un pino y se ha echado de bruces en la hierba verde. Pone bajo él la espada y el olifante, y vuelve la cabeza hacia la gente pagana. Lo ha hecho así porque quiere de veras que Carlos y toda su gente digan que el gallardo conde murió conquistando. Rezó su confesión con detalle y repetidamente, y por sus pecados ofreció a Dios el guante. El conde Roldán se echó bajo un pino y ha vuelto el rostro hacia España. Se puso a recordar muchas cosas: tantas tierras como había conquistado, la dulce Francia, los hombres de su linaje, Carlomagno, su señor, que lo crió. No puede retener el llanto ni los suspiros; pero no quiere olvidarse de sí mismo y enumera sus pecados y pide perdón a Dios: «Padre verdadero, que jamás mentisteis, que a San Lázaro resucitasteis de muerte y preservasteis a Daniel de los leones, preserva mi alma de todos los pecados que cometí en mi vida». Ofrece a Dios su guante diestro; San Gabriel lo toma de su mano. Le sostenía con el brazo la cabeza inclinada. Con las manos juntas ha ido a su fin. Dios le envió a su ángel Querubín y a San Miguel del Peligro, junto con ellos vino San Gabriel. Llevan al paraíso el alma del conde.
V. LAS NARRACIONES DEL CICLO ARTÚRICO
    La novela de caballerías nació como un tipo de narración en torno a los asuntos de la llamada materia de Bretaña. En sus inicios fueron textos en verso que presentaban a un caballero bretón que luchaba individualmente; admitían muchos elementos fantásticos, y el argumento solía venir envuelto en una trama amorosa.
   A. INICIOS DEL CICLO ARTÚRICO
   La materia de Bretaña o ciclo artúrico recibe este nombre por su personaje principal, el rey Arturo o Artús, soberano de los bretones en la primera mitad del siglo VI.
La leyenda del rey Arturo fue iniciada en el siglo XII por el monje bretón Godofredo de Monmouth en su obra Historia de los reyes de Bretaña, escrita en latín. Este libro fue traducido poco después al francés por el canónigo y poeta Wace, con el título de Roman de Brut. En esta obra aparece por primera vez citada la “mesa redonda”
[ El rey Arturo: Según la leyenda iniciada por el monje Godofredo de Monmouth, el rey Arturo nace de la relación adúltera del rey de los britanos, Uther, con Ingern, mujer del duque de Cornualles, la cual se produce gracias a la ayuda del mago Merlín. Arturo, con su espada Excalibur, lleva a cabo una serie de conquistas  y se casa con Ginebra. Al dejar el trono a su sobrino Mordreut para ir a ser proclamado emperador de Roma, le avisan de que este ha usurpado el poder y se ha casado con Ginebra. Cuando regresa, obtiene varias victorias, el usurpador muere y Arturo es herido, por lo que ha de retirarse a curar sus heridas.]
      B. CHÈTIEN DE TROYES
      
      Es el autor francés que da forma al ciclo artúrico. Recoge la tradición que venía de Godofredo de Monmouth y de Wace para elaborar una serie de novelas sobre el rey Arturo y su corte. Una de ellas es Lancerot o El caballero de la carreta, donde cuenta los amores del caballero Lanzarote por Ginebra. Su obra cumbre, sin embargo, fue Perceval o el Cuento del Grial, redactado muy al final del siglo XII. En ella narra cómo Perceval, cuando era muy niño, al ver a un grupo de caballeros, se emociona ante sus vestidos y armas, así que decide ir a la corte del rey Arturo para llegar a ser caballero. Logra ser el mejor, ayudado por el amor que siente hacia la hermosa Blancaflor. En una de las escenas aparece el Santo Grial, la copa que usó Jesús en la última cena con la que José de Arimatea recogió la sangre que manó del costado de Cristo al ser herido por el centurión. Este Grial pasa a ser uno de los elementos más simbólicos y misteriosos de la obra, y es retomado constantemente en los libros de los autores posteriores.
  [El joven protagonista, ya armado caballero por Gornemant, participa en la defensa del castillo de Belrepeire, donde conoce a la joven Blancaflor, que despierta el amor en él. Tras esto, Perceval acude al castillo del Grial, donde habita el Rey Pescador. Durante una cena, ve una extraña procesión, en la que se muestran tres elementos: una lanza, un grial y un plato. Estos tres objetos, así como el hecho de que Perceval no pregunte sobre su significado, están cargados de complejos simbolismos. La lanza representa a aquella que fue clavada en el cuerpo de Cristo en la cruz; el grial, la copa donde se recogió la sangre de Cristo crucificado; y el plato alude al que se utiliza para la Eucaristía. Por otra parte, el silencio de Perceval ante la procesión tendrá terribles consecuencias para el Rey Pescador y para sí mismo, como le explicará su prima al día siguiente…]
   Había ahí dentro una iluminación tan grande como la podrían procurar las candelas en un albergue. Y mientras hablaban de diversas cosas, de una cámara llegó un paje que llevaba una lanza blanca empuñada por la mitad, y pasó entre el fuego y los que estaban sentados en el lecho. Todos los que estaban allí veían la lanza blanca y el hierro blanco, y una gota de sangre salía del extremo del hierro de la lanza, y hasta la mano del paje manaba aquella gota roja. El muchacho que aquella noche había llegado ahí ve este prodigio, pero se abstiene de preguntar cómo ocurría tal cosa, porque se acordaba del consejo de aquel que lo hizo caballero, que le dijo y le enseñó que se guardara de hablar demasiado. Y teme que, si lo pregunta, será considerado como un rústico, y por eso no preguntó nada.

Mientras tanto llegaron otros dos pajes que llevaban en la mano candelabros de oro fino trabajado con nieles. Los pajes que llevaban los candelabros eran muy hermosos. En cada candelabro ardían por lo menos diez candelas. Una doncella, hermosa, gentil y bien ataviada, que venía con los pajes, sostenía entre sus dos manos un grial. Cuando allí hubo entrado con el grial que llevaba, se derramó una claridad tan grande que las candelas perdieron su brillo, como les ocurre a las estrellas cuando sale el sol, o la luna. Después de esta vino otra que llevaba un plato de plata.

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