Mitología en el Barroco


Espero que con algunos ejemplos podamos comprender el uso que de los mitos hacen Lope, Góngora y Quevedo.

Ya sabéis que el Renacimiento recupera la mitología clásica. El mito narra y se reconstruye poéticamente siempre en serio, como podéis ver en Garcilaso:

Soneto XIII

A Dafne ya los brazos le crecían
y en luengos ramos vueltos se mostraban;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos qu’el oro escurecían;

de áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros que aun bullendo’staban;
los blancos pies en tierra se hincaban
y en torcidas raíces se volvían.

Aquel que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacía
este árbol, que con lágrimas regaba.

¡Oh miserable estado, oh mal tamaño,
que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón por que lloraba!

El mito de Dafne aparece por doquier en nuestras letras. Pero en el Barroco, cuando ya se ha exprimido hasta la extenuación, aparece la parodia. Quevedo, en esta línea, arremete contra el mito en un par de ocasiones:

«Tras vos un Alquimista va corriendo,
Dafne, que llaman Sol ¿y vos, tan cruda?
Vos os volvéis murciégalo sin duda,
Pues vais del Sol y de la luz huyendo.

ȃl os quiere gozar a lo que entiendo
Si os coge en esta selva tosca y ruda,
Su aljaba suena, está su bolsa muda,
El perro, pues no ladra, está muriendo.

»Buhonero de signos y Planetas,
Viene haciendo ademanes y figuras
Cargado de bochornos y Cometas.»

Esto la dije, y en cortezas duras
De Laurel se ingirió contra sus tretas,
Y en escabeche el Sol se quedó a oscuras.

Bermejazo Platero de las cumbres
A cuya luz se espulga la canalla:
La ninfa Dafne, que se afufa y calla,
Si la quieres gozar, paga y no alumbres.

Si quieres ahorrar de pesadumbres,
Ojo del Cielo, trata de compralla:
En confites gastó Marte la malla,
Y la espada en pasteles y en azumbres.

Volvióse en bolsa Júpiter severo,
Levantóse las faldas la doncella
Por recogerle en lluvia de dinero.

Astucia fue de alguna Dueña Estrella,
Que de Estrella sin Dueña no lo infiero:
Febo, pues eres Sol, sírvete de ella.

Y Lope no se queda atrás en “Las fugas de Juana en viendo al poeta, con la fábula de Dafne”:

Como suele correr desnudo Atleta
en la arena Marcial al palio opuesto,
con la imaginación tocando el puesto,
tal sigue a Dafne el fúlgido Planeta.

Quitósele al coturno la soleta,
y viéndose alcanzar, turbó el incesto;
vuelto en laurel su hermoso cuerpo honesto,
corona al Capitán, premio al Poeta.

Si corres como Dafne, y mis fortunas
corren también a su esperanza vana,
en seguirte anhelantes y importunas,

¿cuándo serás laurel, dulce tirana?
Que no te quiero yo para aceitunas,
sino para mi frente, hermosa Juana.

La misma suerte corre el mito de Hera y Leandro, en paños menores según Quevedo,

Señor don Leandro,
vaya en hora mala,
que no puede en buena
quien tan mal se trata.
¿Qué se imagina cuando
de bajel se zarpa,
hecho por la Hero
aprendiz de rana?
¿Pescado se vuelve
el hijo de cabra,
para quien mondongo
quiere más que escamas?
Ya no hará en sorberse
el mar mucha azaña
un amante huevo
pasado por agua.
Bracear y a ello,
por ver la muchacha,
una perla toda,
que a menudo ensartan. […]
Piernas de ramplón,
fornida de panza,
las uñas con cejas
de rascar la caspa.
Rolliza, y muy rollo,
donde cuelgan bragas,
derribada de hombros,
pero más de espaldas.
Que aunque del futuro
con nombre la llaman
del buen sum, es, fui,
cumple sus palabras […]

Ya Hero lo ha visto [a Leandro muerto]
y por él se arranca
todos los cabellos,
y se mete a calva.
A diluvios llora,
no en forma ordinaria:
la nariz moquitas,
los ojos lagañas. […]

Cual huevos murieron
tonto y mentecata,
Satanás los cene:
buen provecho le hagan. […]
Dio sobre el aceite
del candil, de patas,
y en aceite puro
se quedó estrellada.

La verdad es ésta,
que no es patarata,
aunque más jarifa
Museo la canta.

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2 respuestas a Mitología en el Barroco

  1. María 1ºBto. D dijo:

    Ernesto, hemos estado buscando Rocio y yo la respuesta de Góngora a Quevedo a la poesía del hombre y la nariz y hemos encontrado esto:

    Anacreonte español, no hay quien os tope,
    que no diga con mucha cortesía,
    que ya que vuestros pies son de elegía,
    que vuestras suavidades son de arrope.¿No imitaréis al terenciano Lope,
    que al de Belerofonte cada día
    sobre zuecos de cómica poesía
    se calza espuelas y le da un galope?Con cuidado especial vuestros anteojos
    dicen que quieren traducir al griego,
    no habiéndolos mirado vuestros ojos.Prestádselos un rato a mi ojo ciego,
    porque a luz saque ciertos versos flojos,
    y entenderéis cualquier gregüesco luego.

    ¿Es este?

    • ernestoprofe dijo:

      Creo que primero va este, luego Quevedo responde con el de “Yo te untaré mis obras con tocino”, en el que hay una alusión a la crítica previa de Góngora, pero no sé dónde encaja el de la nariz. No recuerdo la cronología. La idea es que se decían buenas lindezas el uno al otro. ¿Habéis visto el post sobre las broncas barrocas? Ahí tenéis unos cuantos, y otro más en la Antología que subí el viernes. Con eso basta y sobra.

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